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Para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC hay que aumentar la financiación de las energías limpias, lograr unas infraestructuras más sostenibles, proteger ecosistemas como bosques o barreras de coral y ayudar a países y comunidades a adaptarse al cambio climático. Vea qué se está haciendo y cómo participar.

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Crédito fotográfico: Presidencia de la República de México (Flickr)

Christiana Figueres es Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y Mindy Lubber es presidenta de Ceres, grupo sin ánimo de lucro que trabaja por la sostenibilidad y que junto con la Fundación de Naciones Unidas organiza el 27 de enero la Cumbre de Inversores sobre Riesgo Climático. 

Los asistentes a la Cumbre Bienal de Inversores sobre Riesgo Climático de Nueva York se van a encontrar con un nuevo mundo y una nueva realidad.

El acuerdo global sobre cambio climático adoptado en París en diciembre confirmó que todas las naciones están en una trayectoria irreversible hacia economías bajas en carbono y puede que incluso de cero carbono.

El reto ahora no es la certeza sobre la dirección de esta transformación o su destino final, sino la velocidad a la que multiplicar las oportunidades.

Para algunos, especialmente aquellos con una significativa exposición a los combustibles fósiles, el reto está en unos activos obsoletos y en navegar las desconocidas aguas de la diversificación energética y la reestructuración de empresas y economías.

Los vientos de cambio procedentes de París ya están impulsando políticas y financiamiento climático para energías más limpias y renovables e infraestructuras sostenibles.

El World Resources Institute concluye que como resultado de sus planes de acción nacionales, conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional, los ocho mayores emisores del mundo —Brasil, China, Unión Europea, India, Indonesia, Japón, México y Estados Unidos— van a doblar su capacidad de energía renovable.

Es probable además que estos planes estén subestimados. Por ejemplo, China ha anunciado que sus emisiones tocarán techo alrededor de 2030 y que para ese año una quinta parte de su energía procederá de fuentes bajas en emisiones de carbono.

Muchos expertos esperan que como resultado de la fuerte señal enviada por París esto se produzca mucho antes en muchas otras partes del mundo. Estas son algunas de las señales alentadoras que llegan de todos los rincones del mundo:

  • En Brasil se está construyendo una planta solar de 254 megavatios, en la India Foxconn y otras empresas se han comprometido a invertir miles de millones de dólares en energía solar y en Marruecos pronto estará funcionando la mayor central solar de África.
  • Los Emiratos Árabes Unidos, un país que ha construido su riqueza gracias a los combustibles fósiles, acaba de lanzar una iniciativa para acelerar la diversificación y está diseñando un plan de desarrollo sostenible “más allá del petróleo”.
  • El Reino Unido, la primera nación industrializada, ha anunciado que para 2025 habrá cerrado todas sus centrales eléctricas a carbón, que a día de hoy suministran un cuarto de la energía del país.
  • En Estados Unidos, la extensión de los créditos fiscales a la energía eólica y solar va a impulsar una inversión adicional de 73.000 millones de dólares en energías limpias para 2020. Además, este mismo mes American Electric Power ha decidido instalar 900 megavatios de energía eólica y solar en Ohio.
  • Goldman Sachs y la Oficina Controladora del Estado de Nueva York han anunciado la creación de un nuevo fondo indexado bajo en carbono de 2.000 millones de dólares.
  • Bloomberg New Energy Finance ha dado a conocer que a nivel mundial en 2015 se invirtieron 330.000 millones de dólares en energías limpias, la cifra más alta hasta ahora y seis veces más que lo invertido hace diez años.
  • El año pasado se marcó un nuevo récord de bonos verdes emitidos, con 42.000 millones de dólares, mientras que en 2007 los bonos verdes apenas existían.
  • En 2015 las inversiones en energías limpias en los países de bajos ingresos alcanzaron las inversiones en los países de la OCDE.

Estos son algunos de los muchos cambios en marcha. Sin embargo, si queremos limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados o, incluso mejor, por debajo de los 1,5 grados, para finales de este siglo necesitaremos inversiones billonarias.

La Agencia Internacional de la Energía estima que de aquí a 2040 se invertirán 68 billones de dólares en energía. Si queremos cumplir con la promesa de París, es necesario que buena parte vaya a inversiones en energía limpia, eficiencia energética y vehículos bajos o de cero emisiones.

Todos los sectores que forman la comunidad de inversores tienen que tomar parte. De los 330.000 millones de dólares invertidos en energías limpias en 2015, la mayor parte se destinaron a financiar activos, junto a compras, adquisiciones y refinanciación de proyectos. El nuevo capital obtenido mediante por ejemplo ofertas de participación estuvo por debajo de los 15.000 millones en 2015 y el capital de riesgo recaudado para energías limpias estuvo por debajo de los 6.000 millones.

Aunque estas cantidades puedan parecer impresionantes, son aún muy pequeñas comparadas con los billones de dólares necesarios cada año por parte de inversionistas institucionales para acelerar el desarrollo de la energía limpia al nivel necesario para evitar un cambio climático peligroso.

Tras la aprobación del Acuerdo de París, igual de importante es que los inversores manejen mejor los riesgos climáticos de sus inversiones.

Un buen ejemplo es el análisis de su huella de carbono llevado a cabo por el sistema de pensiones de los empleados públicos de California (CalPERS), el mayor fondo de pensiones de Estados Unidos.

El análisis mostró que en una cartera de 10.000 empresas, sólo 80 suponen la mitad de la huella de carbono de los 300.000 millones de dólares de inversión del fondo.

Anne Simpson, la directora de gobernanza global de CalPERS, dijo en París: “Este estudio nos permite evaluar mejor donde comprometernos. Queremos que las empresas que forman parte de nuestra cartera estén en la línea de una transición a una economía baja en carbono”.

Los inversores a nivel nacional y mundial deberían presionar para que las empresas informen sobre los riesgos climáticos a los que se enfrentan para poder evaluar mejor qué compañías están bien o mal posicionadas para competir en la emergente economía baja en carbono.

Junto con Ceres, una serie de inversores solicitaron con éxito a la U.S. Securities and Exchange Commission (SEC) que exija a las empresas facilitar este tipo de información. Sin embargo, hasta la fecha la calidad de la información facilitada está lejos de cumplir las instrucciones de la SEC.

Los inversores necesitan además formar nuevas alianzas con capitalistas de riesgo, países, corporaciones y bancos, tanto privados como multilaterales para reducir el riesgo de sus inversiones en infraestructuras de energías limpias, sostenibles y bajas en carbono.

Son muchas las acciones que se necesitan, pero también son muchas las recompensas para los inversores y las empresas que avancen de manera clara e integren la transición de forma rápida.

París se apoya en los progresos que están comenzando a producirse hacia un desarrollo más limpio, más verde y mucho más inteligente para este siglo XXI. París ha lanzado a los mercados y a los sectores económicos de todo el mundo una señal clara, inequívoca y decidida hacia una dirección baja en carbono. El curso es irreversible pero hay que concentrarse en la velocidad y amplitud.

Es hora de que los inversores se pongan con la seria tarea de transformar la valiente ambición del nuevo acuerdo global en una realidad baja en carbono que beneficie a todas las naciones y a todos los países.

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