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La naturaleza es la mejor aliada para mantener el clima estable. Una gestión creativa de la naturaleza -bosques, ríos, humedales y tierras de secano- es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, mantener el aire limpio, preservar la biodiversidad y reducir la vulnerabilidad de las comunidades ante el cambio climático.

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Ginebra, 11 de julio de 2014 (Organización Meteorológica Mundial) - Los desastres relacionados con el tiempo, el clima y el agua, que ocasionan la pérdida de vidas y hacen retroceder varios años, o incluso decenios, el desarrollo económico y social, están aumentando en todo el mundo. Entre 1970 y 2012 se registraron 8.835 desastres, 1,94 millones de víctimas mortales y pérdidas económicas por valor de 2.400 billones de dólares a escala mundial, que tuvieron su origen en peligros como las sequías, las temperaturas extremas, las crecidas, los ciclones tropicales y las epidemias sanitarias asociadas.

Es la información que recoge el "Atlas de la mortalidad y las pérdidas económicas provocadas por fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos 1970-2012" (PDF) en el que se describen la distribución y los efectos de los desastres relacionados con el tiempo, el clima y el agua, y se ponen de relieve las medidas necesarias para incrementar la resiliencia. Se trata de una publicación conjunta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Centro de Investigación de la Epidemiología de los Desastres (CRED) de la Universidad Católica de Lovaina (UCL), en Bélgica.

La finalidad del Atlas es proporcionar a las instancias decisorias información que puedan utilizar para proteger la vida y la propiedad. Asimismo, esta publicación pone de relieve la necesidad de redoblar los esfuerzos en cuanto a la notificación, normalización y análisis de los datos sobre los peligros meteorológicos, climáticos e hidrológicos con el fin de mejorar la comprensión de los desastres y reforzar las medidas de prevención.

El Atlas se publicó antes de la primera reunión (Ginebra, 14 y 15 de julio) del Comité Preparatorio de la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres. Tiene por objeto orientar el debate sobre el marco posterior a 2015 tanto para la reducción del riesgo de desastres como para el desarrollo sostenible.

El 79% de los desastres debidos a fenómenos meteorológicos, climáticos o hidrológicos extremos fueron tormentas y crecidas, que causaron el 55% de las muertes y el 86% de las pérdidas económicas entre 1970 y 2012, según el Atlas. El 35% de las muertes se debió a las sequías y, principalmente, a las graves sequías africanas que se produjeron en 1975 y en 1983–1984.

El mayor número de víctimas mortales se dio en 1983 en Etiopía, donde la sequía ocasionó 300.000 muertes, equiparándose así al ciclón Bhola que asoló Bangladesh en 1970. En 1984 la sequía en Sudán causó la muerte de 150.000 personas, mientras que el ciclón conocido localmente como Gorky originó 138.866 muertes en Bangladesh en 1991.

En 2005, en Estados Unidos, el huracán Katrina originó pérdidas económicas cifradas en 146.890 millones de dólares, seguidas por las pérdidas ocasionadas por Sandy en 2012 de un valor de 50.000 millones de dólares.

De los desastres notificados, los diez peores en cuanto a la pérdida de vidas ocurrieron principalmente en países menos adelantados y en países en desarrollo, mientras que las pérdidas económicas se produjeron sobre todo en los países más desarrollados.

“Los desastres relacionados con el tiempo, el clima y el agua están aumentando en todo el mundo. Tanto los países industrializados como los no industrializados soportan la carga de crecidas, sequías, temperaturas extremas y tormentas recurrentes”, afirmó el Secretario General de la OMM, señor Michel Jarraud.

“La mejora de los sistemas de alerta temprana y de la gestión de los desastres ayuda a prevenir la pérdida de vidas. Sin embargo, los efectos socioeconómicos de los desastres se agravan debido al aumento de su frecuencia e intensidad y a la creciente vulnerabilidad de la población”, concluyó Jarraud.

En el Atlas se destaca la importancia de contar con información histórica y georreferenciada sobre las víctimas y los daños para poder estimar los riesgos antes de que ocurra el siguiente desastre. Esa información puede sustentar la adopción de decisiones prácticas destinadas a reducir las posibles consecuencias de los desastres mediante, por ejemplo, la mejora de los sistemas de alerta temprana, la modernización de infraestructuras esenciales o el cumplimiento obligado de las nuevas normas de construcción.


Lea el comunicado de prensa íntegro en español de la OMM.

Para más información, diríjase a:

Clare Nullis, agregada de prensa de la Oficina de comunicación y de relaciones públicas, Organización Meteorológica Mundial. Tel.: +41 (0)22 730 8478; (41-79) 7091397,
correo electrónico: cnullis (at) wmo.int

Crédito fotográfico: DFID UK Department for International Development.

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