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Crédito fotográfico: Jochen Tack/Stiftung Zollverein

La Comisión Europea ha reconocido a la ciudad alemana de Essen como la Capital Verde Europea 2017, por su exitosa transición de ser un centro minero altamente contaminante a una economía limpia y verde.

Este reconocimiento resalta la crucial importancia de la acción climática en las zonas urbanas, en un año en que otra ciudad alemana, Bonn, acoge la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. La COP23 tendrá lugar en noviembre y estará presidida por Fiji, con el apoyo del gobierno alemán.

Essen y Bonn están en Renania del Norte-Westfalia, el Estado más poblado de Alemania.

El alcalde de Essen, Thomas Kufen, se refirió así al título recibido:

“Este es un importante reconocimiento a Essen y Renania del Norte-Westfalia como eje central para la protección ambiental y climática. Esperamos que tanto la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático como nuestra capitalidad verde sean un impulso positivo para el cambio en Europa y en el resto del mundo”.

Es esencial que las ciudades sean más “verdes” para alcanzar el objetivo primordial del Acuerdo de París sobre el cambio climático que consiste en limitar el aumento de la temperatura media mundial lo más cerca posible de 1,5 grados centígrados. El papel de las ciudades es particularmente importante dado que es en las zonas urbanas donde se consume la mayor parte de la energía mundial y donde se producen la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Transición exitosa: de industria minera a economía de servicios

Essen era uno de los centros más importantes de la industria del carbón en Alemania, y ahora es la primera ciudad minera en ganar el título de Capital Verde Europea.

Con el fin de proteger la naturaleza y la biodiversidad, Essen ha construido corredores verdes y está restaurando el entorno natural del río Emscher. Así por ejemplo, en el llamado cinturón de Krupp, donde estaba la fundición de acero del mismo nombre, se ha construido un área recreativa arbolada y con carriles para bicicletas.

Essen cuenta con numerosos espacios verdes. Crédito: Johannes Kassenberg.

Essen comenzó la producción de carbón a gran escala a principios del siglo XIX. La caída de la industria del carbón y del acero en la región llevó al cierre de la última mina de carbón en 1986. Desde entonces, la ciudad se ha reconvertido en un próspero centro financiero y de servicios.

La ciudad de Essen planea reducir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) en un 40 por ciento para el 2020, comparado con niveles de 1990. En 2011, sus emisiones ya habían disminuido en un 29,5 por ciento, superando la media de reducción de Alemania.

Esto ha sido posible gracias a una combinación de medidas a nivel nacional, estatal y local, con las que se ha logrado reducir el uso de combustibles (aceites para calefacción, carbón negro y lignito) y gracias al aumento del uso de la calefacción centralizada y el despliegue de energías renovables.

Desde el 2010, la ciudad consume electricidad limpia certificada, y desde el 2012, asesora a todos los actores relevantes sobre cómo optar por prácticas más ecológicas a través de una agencia municipal. Esta agencia climática ofrece servicios de asesoría y actúa como un centro de información para consumidores, compañías, asociaciones y otras entidades. Es también responsable de poner en marcha proyectos y campañas ambientales.

En el marco de la capitalidad verde europea, Essen acogerá más de 300 actividades a lo largo de este año, muchas de las cuales contarán con importante participación ciudadana.

Lea el comunicado de prensa de la Comisión Europea.

La fotografía superior muestra la antigua zona industrial Zeche Zollverein en Essen, declarada en 2001 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su arquitectura singular. En el lugar destaca por ejemplo un depósito de agua que en invierno se convierte en una pista de hielo de 150 metros de largo.

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